Cuando se habla del norte de España para escapadas románticas, Galicia, Asturias y el País Vasco suelen acaparar el protagonismo. Navarra, sin embargo, guarda secretos que pocos conocen y que, una vez descubiertos, convierten a quienes los visitan en apóstoles incondicionales. Una comunidad foral que en pocas horas de coche os lleva desde las llanuras de la Ribera hasta los circos glaciales del Pirineo, pasando por bosques de haya que parecen sacados de un cuento de los hermanos Grimm.
El Valle del Baztán: magia, niebla y arquitectura palaciega
Si tenéis que elegir una sola razón para visitar Navarra en pareja, elegid el Valle del Baztán. Este valle del Pirineo navarro, poblado de caseríos de piedra, palacios blasonados y bosques de roble donde la niebla matinal se mueve como un ser vivo, tiene una atmósfera única que atrapa desde el primer momento. Los pueblos de Elizondo, Arizkun o Erratzu son perfectos para paseos sin rumbo, para perderse entre sus calles estrechas y descubrir que el tiempo aquí funciona diferente.
Los hoteles rurales y spa del Baztán han preservado la arquitectura tradicional vasca mientras incorporan instalaciones de bienestar modernas. La combinación de paredes de piedra centenaria, vigas de roble y una bañera de hidromasaje con vistas al bosque es difícil de encontrar en otro lugar de España.
Las termas navarras: bienestar con historia
Navarra tiene una larga tradición termal que se remonta a época romana. Las aguas mineromedicinales que brotan en diferentes puntos de la comunidad —especialmente en la zona de Gorraiz, en el valle de Egüés junto a Pamplona— han dado lugar a hoteles balneario y spas que combinan los beneficios de las aguas con tratamientos de bienestar contemporáneos. Un circuito termal completo, con aguas a diferentes temperaturas, chorros de presión y zona de relajación privada, es una experiencia que las parejas repiten viaje tras viaje.
Pamplona y los Pirineos: cultura y naturaleza al alcance de la mano
Pamplona, mucho más que los Sanfermines, es una ciudad universitaria de escala perfecta con un casco histórico delicioso. Sus murallas medievales, el mercado de Santo Domingo y su oferta gastronómica —con pintxos que compiten de igual a igual con los vascos— la convierten en una base perfecta para una escapada que combine ciudad y naturaleza. Desde allí, el Pirineo navarro está a menos de una hora: el Valle de Roncal, el Bosque de Irati —uno de los hayedos más grandes de Europa— y los circos glaciales de Larra-Belagua son naturaleza en estado puro, perfecta para compartir.
Nuestra selección de hoteles con spa en Navarra
Dos propuestas navarras con carácter propio: el lujo termal cerca de Pamplona y la magia rural del Valle del Baztán.